La revolución es ya imparable. Después del derrocamiento del autócrata Ben Ali en Túnez, los egipcios han tomado el relevo en la batalla por recuperar sus libertades. Es absolutamente lícita la lucha de este pueblo que tan sólo exige los derechos, innegables en Europa y Estados Unidos, pero hasta ahora impensables en el norte de África: "a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad".
Los pueblos árabes desde el Atlático hasta el Mar Rojo han encontrado en las nuevas redes sociales una vía efectiva de hacer llegar su voz a los corruptos mandatarios. Los tunecinos primero y ahora los egipcios se han movilizado a través de Twitter y Facebook a pesar de los cortes de conexión a los que el rais, Hosni Mubarak, sometió a todo el país. Ni siquiera contaban con sus teléfonos móviles pero, aún así, las calles estaban atestadas de jóvenes hartos, hastiados de 30 años de corrupción sin soluciones que piensen en ellos.
Las informaciones sobre los muertos son contradictorias. Las voces gubernamentales menguan a la mitad las víctimas que se ha cobrado la revuelta en todo el país. Los hospitales hablan ya de un centenar de fallecidos en todo Egipto. Heridos, un millar. Pero la revuelta no cesa. A pesar del comunicado nocturno del todavía presidente, los cairotas atestan la plaza Tahrir pidiendo su salida del gobierno. Después de todo lo que han conseguido hasta ahora, no van a conformarse con las supuestas reformas anunciadas por el faraón.
Mientras, El Baradei, Premio Nobel de la Paz y hasta hace cuatro días en el exilio suizo, se ofrece como alternativa para gobernar el país de las pirámides. Y es que, estas pueden durar para siempre, pero los gobiernos no. Esto ya lo ha dejado claro la sociedad egipcia. Por otro lado, desde Europa asistimos a un silencio vergonzante y bochornoso de nuestros políticos que miran con temor esta avalancha democrática en los países árabes del Magreb y de Oriente Próximo.
El 'establishment' europeo duerme más tranquilo mientras estos territorios sigan dominados por autocracias y cleptocracias que mantengan a raya a los islamistas y contengan los flujos migratorios. Además, temen que una crisis de esta magnitud pueda amenazar la exportación de gas y petróleo de países como Libia y Argelia que, podrían ser los siguientes. Por eso, desde Arabia Saudí y Marruecos ya se curan en salud vetando internet o anunciando reformas.
Más preciso ha sido Barak Obama que ha instado a Mubarak (sin siquiera mencionar su nombre) a que escuche a su pueblo-esto mismo se ha escuchado desde Irán, sí, desde Irán- y que respete su decisión. Este apoyo norteamericano sorprende positivamente a pesar de que Egipto es el segundo mayor aliado de Estados Unidos, después de Israel, en Oriente Próximo. Incluso conociendo las infladas cuentas del gobierno de Mubarak tras años de una lluvia de millones de dólares en armamento.
Es por esto que la revuelta en El Cairo no será igual que la vivida en Túnez la semana pasada. Pero aún así, parece imparable y, para beneficiar a la que se vive en el valle del Nilo, sí que cuentan con una alternativa ideológica que los guíe a una posible alternativa democrática, el opositor El Baradei. En las próximas horas veremos si el último movimiento de Mubarak, el nombramiento de Omar Suleiman como vicepresidente, no es si no un sustituto para su propio cargo.
Mientras tanto, la cadena Al Yazeera English informa que los hijos de Mubarak están ya a salvo en Londres. El que se adivinaba como futuro sustituto del rais, Gamal Mubarak, no contaría de todos modos con los apoyos suficientes para tomar el relevo de su octogenario padre.
Como todas las revoluciones, y esta no será diferente, los cambios se conseguirán en la calle con el consabido precio de sangre. Veremos cuántas vidas más necesita Mubarak para aceptar que su fin ya ha tocado y abandone su país, que es lo que le piden a gritos.
Le dedico esta reflexión a Mohamed Bouazizi, el joven tunecino que se inmoló y que cuyo sacrificio incendió las revueltas en Túnez, consiguiendo el derrocamiento de Ben Ali y el contagio, por ahora en Egipto.
"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad", Víctor Hugo (Besanzón,1802 – París,1885) "Lo esencial es invisible a los ojos", Antoine de Saint-Exupéry (Lyon,1900 – Marsella,1944)
sábado, 29 de enero de 2011
sábado, 22 de enero de 2011
El oportuno lamento de Tony Blair
Estos días, el antiguo primer ministro británico, Tony Blair, comparece de nuevo ante la comisión investigadora de los crímenes sucedidos durante la ilegal invasión de Iraq. La más notable diferencia entre esta y la del año pasado es que Blair reconoce sentir las vidas perdidas, tanto las de las fuerzas de coalición invasoras como las de civiles iraquíes.
Aún así, Tony Blair sigue defendiendo su actuación al decidir apoyar una mal llamada guerra incluso contra las resoluciones de la ONU y las advertencias de sus consejeros directos. Blair sigue defendiendo la matanza de miles de civiles, mantiene su posición ante las torturas y el aumento indiscriminado de la violencia en la zona. Porque, aunque ahora entone un descafeinado "lamento las muertes en Iraq", su encabezonada defensa de la resolución 1441, sin tener en cuenta la opinión unánime mundial sobre la ilegalidad de la invasión así como los espurios intereses tras la misma, prevalece con más fuerza.
Un familiar de una de las víctimas iraquíes no pudo refrenar su indignación ante las palabras de Blair y espetó ante el tribunal un "es demasiado tarde". Un grito ahogado totalmente lícito y comprensible que, sin haber pérdida por medio (o sí, ya que la inseguridad en el mundo ha aumentado, así como la violencia, la islamofobia y el miedo) todos aplaudimos como nuestro.
Lo siguiente que se me viene a la cabeza es que, si bien podemos criticar a Tony Blair por su decisión en 2003 es porque ha salido a la palestra pero, ¿dónde está el resto del trío de las Azores? A uno me lo imagino domando vacas mientras mira al horizonte orgulloso en su rancho de Tejas. Al otro, lo veo con recelo día sí y día también, tanto en prensa como en televisión, como una sombra que amenaza volver a este país con intención de salvarlo no sé muy bien de qué. ¿Para cuándo su turno?
En la foto, una imagen del ex ministro británico Tony Blair formado con los nombres de las víctimas de la guerra de Iraq, elaborado por la artista inglesa Annemarie Wright. (c) Kieran Doherty.
jueves, 20 de enero de 2011
Gran Wikileaks
Casi dos meses después del gran 'destape' mundial que nos brindó el antiguo hacker, Julian Assange, parece que todos esos secretos han pasado a un segundo plano. En su momento, Wikileaks parecía ser más de lo que en realidad ha resultado ser. Lo que esta lluvia de secretos ha desvelado son los tejemanejes y chismorreos de altos cargos, políticos y gobernantes que, antes del escándalo, eran ya 'vox populi'.
Aunque la intención de Assange fuera bien loable, permitir a la sociedad poder acceder a la totalidad de la información que manejan sus representantes, la verdad es que ha denigrado en un puro cotilleo de altas esferas. Porque, lo que Alberto Ruiz Gallardón (Alcalde de Madrid) opinara sobre Esperanza Aguirre (presidenta de la misma Comunidad) no tenía que venir a contárnoslo ninguna fuga 2.0. Tampoco necesitábamos de un 'cablegate' para saber que por la aprobación de Estados Unidos pasamos todos. Ni el cedé de Lady Gaga nos ha desvelado ninguna primicia sorpresiva al decirnos qué opina el Partido Popular de su lider, Mariano Rajoy.
Pero, ¿realmente el ciudadano necesita de ese chismorreo barriobajero y quisquilloso? Parece ser que sí ya que, uno de los cinco diarios agraciados con el poder de desvelar, EL PAÍS, se vanagloria hoy mismo de haber superado las ventas durante el mes de diciembre, días fuertes de la fuga de datos del gobierno norteamericano, colocándose lider por delante de El Mundo y ABC, segundo y tercero respectivamente.
Es posible que no sólo las señoras enruladas y envueltas en una bata-manta sean las únicas consumistas del cotilleo tan típico de nuestro país. Puede que el españolito de a pie se vea ya tan reflejado en la vanalidad televisiva de la Esteban que busque las debilidades de sus líderes porque, que la vecina se desquicie está muy visto pero, que sea la estabilidad mental de Cristina Fernández de Kischner la que esté en entredicho... Ya que los mortales no pueden alcanzar a los intocables, que bajen ellos y se revuelquen en la misma mierda.
Es una verdadera lástima que, un auténtico adalid de la libertad de expresión como puede ser el líder australiano de Wikileaks, vea su criatura convertida en un simple patio de vecinos donde lanzarse las miserias los unos contra los otros. Pero, eso sí, estos vecinos no te rayan el coche con la llave comunitaria para vengarse.
Ya veremos qué opinan David Fincher o James Cameron (o qué les dejan opinar).
jueves, 13 de enero de 2011
Palabras que matan
Es curioso cómo evoluciona el lenguaje y el uso que hacemos de él. Cómo una palabra empleada de manera habitual se convierte en proscrita al cabo del tiempo. De qué manera bajamos el volumen a la hora de mencionar determinadas cosas. Cómo los eufemismos conviven con nosotros casi sin darnos cuenta para no quedar fuera del acto humano y natural de socializar. Cómo el sentido peyorativo puede ahogar las mismas sílabas que cargamos de cariño según qué casos. Cómo un '¡Eh, viejo!' puede hundirte en la miseria o arrancarte una sonrisa complaciente.
Categría 1- Raza: Preferimos decir que un hombre 'de color', 'afroamericano' o 'internacional' es esto o hace aquello porque prejuiciamos al negro y anteponemos su supuesta ofensa ante la evidencia. Es negro y punto. El primer término ha llegado a molestar a los aludidos al preguntarse '¿de color, de qué color?'. Quien se sienta incómodo al referirse como negro al negro es que necesita desprenderse de prejuicios y estereotipos grabados a fuego durante años, lo cual no es fácil. Lo mismo va dirigido a aquellos tímidos que se medio esconden y a media voz hablan del 'negrito'. El 'afroamericano', término 'made in USA', proviene de la norteamericana, la sociedad hipócrita por antonomasia que se rasga las vestiduras al recalcar el color de la piel de buena parte de su población y prefiere expresar, mediante rodeos lingüístico-históricos, el proceder de esa pigmentación. En todo esto juegan un papel vital los medios de comunicación. ¿Es imprescindible que el titular 'Un hombre apuñaló a otro joven en Madrid' incluya en el subtítulo 'un hombre negro'? Si ambos fueran de raza blanca, ¿estaría especificado en la entradilla? Que responda el Libro de Estilo.
Categoría 2- Sexo: Si bien es cierto que hay diferencias visibles y palpables entre hombres y mujeres también las hay de las que se perciben y con muy mala idea, que digamos. Este apartado se lo dedico a mi colega Ana Rosa Quintana. Por motivos laborales estuve ligada a la publicación estrella de la periodista televisiva, 'AR'. En varios capítulos, mes tras mes, trataba de inculcar una nueva manera de referirnos a aquellas mujeres que habían superado cierta edad y eran discriminadas frente a los hombres con el mismo número de primaveras. Esto es, si un varón de 'mediana edad' es un 'cincuentón' bien conservado, las féminas en el mismo caso se convierten en 'cincuentonas' más o menos estropeadas. Es evidente que, con el tiempo, el tono de la misma palabra no tiene las mismas connotaciones si hablamos de ellos o ellas. Es por eso que Ana Rosa sugiere el término 'cincuentañera' y 'cuarentañera' para evitar la discriminación senil a partir de los 39, cuando una treintañera todavía es sinónimo de fertilidad, juventud y lozanía.
Categoría 3- Edad: Porque vivimos en una sociedad donde la juventud está supervalorada y donde tener determinada edad se convierte en un impedimento para todo. Se es demasiado mayor para trabajar, para salir de fiesta, para emborracharse, para viajar, para follar... De hecho, envejecer es lo peor que nos puede pasar porque nos convertimos en parte del grupo social con menos influencia y más obviado. De ahí que nadie quiera ser viejo y hagamos todo lo posible para evitarlo y, como esto no puede ser, tratamos de disfrazarlo. Llamémoslo estiramiento facial, 'just for men' o ese deportivo que con 20 no pudimos comprar. El caso es que ser viejo no está de moda y, por ello, recurrimos a rodeos tan sutiles y aceptados como 'tercera edad', 'anciano' o 'madurito' interesante. Pero si ser viejo no se lleva, tampoco conviene hacérselo saber al afectado. Es por ello que ahora ingresan en una 'residencia', cuando antes los aparcaban en una asilo.
Estos son algunos casos de palabras que hasta no hace mucho tenían cabida en nuestro vocabulario pero que han sido desterradas por ignominiosas o, simplemente, por incómodas. La degradación de algunos términos hasta su conversión en auténticos tabús ha dado paso a eufemismos más o menos exitosos que buscan, tanto el agrado de unos como el alivio de otros.
Categría 1- Raza: Preferimos decir que un hombre 'de color', 'afroamericano' o 'internacional' es esto o hace aquello porque prejuiciamos al negro y anteponemos su supuesta ofensa ante la evidencia. Es negro y punto. El primer término ha llegado a molestar a los aludidos al preguntarse '¿de color, de qué color?'. Quien se sienta incómodo al referirse como negro al negro es que necesita desprenderse de prejuicios y estereotipos grabados a fuego durante años, lo cual no es fácil. Lo mismo va dirigido a aquellos tímidos que se medio esconden y a media voz hablan del 'negrito'. El 'afroamericano', término 'made in USA', proviene de la norteamericana, la sociedad hipócrita por antonomasia que se rasga las vestiduras al recalcar el color de la piel de buena parte de su población y prefiere expresar, mediante rodeos lingüístico-históricos, el proceder de esa pigmentación. En todo esto juegan un papel vital los medios de comunicación. ¿Es imprescindible que el titular 'Un hombre apuñaló a otro joven en Madrid' incluya en el subtítulo 'un hombre negro'? Si ambos fueran de raza blanca, ¿estaría especificado en la entradilla? Que responda el Libro de Estilo.
Categoría 2- Sexo: Si bien es cierto que hay diferencias visibles y palpables entre hombres y mujeres también las hay de las que se perciben y con muy mala idea, que digamos. Este apartado se lo dedico a mi colega Ana Rosa Quintana. Por motivos laborales estuve ligada a la publicación estrella de la periodista televisiva, 'AR'. En varios capítulos, mes tras mes, trataba de inculcar una nueva manera de referirnos a aquellas mujeres que habían superado cierta edad y eran discriminadas frente a los hombres con el mismo número de primaveras. Esto es, si un varón de 'mediana edad' es un 'cincuentón' bien conservado, las féminas en el mismo caso se convierten en 'cincuentonas' más o menos estropeadas. Es evidente que, con el tiempo, el tono de la misma palabra no tiene las mismas connotaciones si hablamos de ellos o ellas. Es por eso que Ana Rosa sugiere el término 'cincuentañera' y 'cuarentañera' para evitar la discriminación senil a partir de los 39, cuando una treintañera todavía es sinónimo de fertilidad, juventud y lozanía.
Categoría 3- Edad: Porque vivimos en una sociedad donde la juventud está supervalorada y donde tener determinada edad se convierte en un impedimento para todo. Se es demasiado mayor para trabajar, para salir de fiesta, para emborracharse, para viajar, para follar... De hecho, envejecer es lo peor que nos puede pasar porque nos convertimos en parte del grupo social con menos influencia y más obviado. De ahí que nadie quiera ser viejo y hagamos todo lo posible para evitarlo y, como esto no puede ser, tratamos de disfrazarlo. Llamémoslo estiramiento facial, 'just for men' o ese deportivo que con 20 no pudimos comprar. El caso es que ser viejo no está de moda y, por ello, recurrimos a rodeos tan sutiles y aceptados como 'tercera edad', 'anciano' o 'madurito' interesante. Pero si ser viejo no se lleva, tampoco conviene hacérselo saber al afectado. Es por ello que ahora ingresan en una 'residencia', cuando antes los aparcaban en una asilo.
Estos son algunos casos de palabras que hasta no hace mucho tenían cabida en nuestro vocabulario pero que han sido desterradas por ignominiosas o, simplemente, por incómodas. La degradación de algunos términos hasta su conversión en auténticos tabús ha dado paso a eufemismos más o menos exitosos que buscan, tanto el agrado de unos como el alivio de otros.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Salomé muerde el polvo

Tenía la esperanza puesta en las nuevas generaciones, esas que dejarían atrás a aquellas que creían que por ser hombre eres mejor que la mujer igual que por ser blanco eres mejor que un negro. Pero después de escuchar al Juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud, famoso por sus sentencias ejemplarizantes basadas en la enseñanza y no en el mero castigo, mi esperanza flaquea. Según Calatayud, "los chavales son cada vez más machistas y con un sentido de la posesión tremendo". De hecho,el magistrado habla de haber dictado órdenes de alejamiento entre "parejillas de 12 y 13 años" de edad. Al igual que él, pienso que es muy triste pero, además, frustrante. ¿Qué es lo que está fallando?
Cuando veo este tipo de comportamientos en personas tan jóvenes no puedo evitar pensar de dónde viene todo esto. Creo que sólo entendiendo el origen podremos algún día erradicar la violencia injusta y sinsentido contra las mujeres. Hace varios días que me rondan por la cabeza imágenes e historias de mujeres 'malas, malísimas' que han sido protagonistas a lo largo de la Historia y han formado parte del mito y la religión. Debe ser que estamos tan cerca de la Navidad que me he acordado de María Magdalena e incluso de Eva. ¿Cómo no voy a pensar en la Navidad, si las luces de El Corte Inglés me persiguen desde hace casi un mes? En fin, como decía, he pensado en estas mujeres y en otras como Salomé o Dalilah. También nos ha hecho mucho daño la repetitiva programación de las televisiones en estas fechas, que reponen hasta la saciedad las archiconocidas historias bílblicas, sazonadas con Ben-Hur y La vida de Bryan.
Y es en mis momentos de pensar y pensar cuando caigo en la cuenta de lo malas que hemos sido las mujeres desde tiempos de maricastaña. Ya en la Biblia los hombres se han encargado de recordárnoslo: por si a alguien se le había ocurrido creer la versión que Dan Brown ofrece en su Código Da Vinci, Magdalena dista mucho de ser la esposa y amante de quien vosotros ya sabéis. No. Era una fulana de tres al cuarto. Una prostituta, una meretriz, una mujer que se dio a la mala vida y tuvo la gran suerte de ser salvada por Jesucristo para acabar por ungirle los pies con sus propios cabellos. (Mujeres 0 - 1 Hombres).
Unos cuantos años antes, como al principio de los tiempos, cuando Dios Todo Poderoso se divertía experiementando al extraer mujeres de costillas ajenas, Eva sirvió para escarmentar a toda aquella fémina que osara desafiar la palabra del hombre. ¡Alah!, expulsados del Paraíso y condenados a una vida mortal llena de sufrimientos y penurias. Y todo por culpa de Eva, por ser mujer, por no saber contenerse. Por ser tentada. ¿Tentada por qué? Por una serpiente. Qué casualidad, un bicho malvado, femenino, que se arrastra, que ataca de manera mortal, de lengua bífida repleta de veneno. Que levante la mano la que no haya sido atribuida con alguna de estas características. (Mujeres 0 - 2 Hombres).
Qué más podemos decir de nuestras malvadas mujeres antepasadas. Es inevitable no acordarse de Salomé. Volvemos a la Biblia. Sin menospreciar a Juan el Bautista, que parecía un tío majo. La bella princesa se gana todas las antipatías: zalamera ella consigue el beneplácito de su padrasto mediante un baile donde abusa de sus armas de 'femme fatale'. La primera en la frente: ya cargaríamos siempre con el San Benito de que las mujeres si conseguimos algo, es por nuestros encantos a la vista de los ojos varones. Salomé, malvadísima ella, consigue el regalo que se le antoje e, inducida por su malísima madre (claro está, una mujer mala mala tenía que estar detrás) pide la cabeza del pobre Juan, que ahí estaba bautizando cristianos sin hacer daño a nadie, nada menos que en una "bandeja de plata". Otra más. Las mujeres siempre tan superficiales, siempre tan urracas. Además de pedir encaprichadas, siempre tiene que haber joyas de por medio, si no, no se las contenta. (Mujeres 0 - 3 Hombres).
La Navidad y su repetitiva y anticuada programación tienen la culpa de que a mi mente haya vuelto el recuerdo de otra bruja histórica: Dalilah. Otra mujer hermosa e irresistible que, por órdenes esta de vez de un hombre, se dedicó a seducir al héroe del momento, Sansón. La maliciosa filistea engatusó al pobre iluso llamado a dirigir a su pueblo haciendo que olvidara sus deberes. Con sus malas artes, Dalilah consiguió el secreto de la fuerza de su amado y, entonces, lo traicionó cortándole sus cabellos, como todos sabéis, entregándolo a los filisteos. Mala, mala, mala, ¡eh! (Mujeres 0 - 4 Hombres).
Después de hacer este, espero no demasidado tedioso, recorrido por la vida de las perras de nuestra Historia, ¿de qué os sorprendéis, mujeres del mundo del siglo XXI? ¿Por qué ponéis el grito en el cielo? ¿No comprendéis ahora que desde y durante los siglos de los siglos (Amén) a los hombres se les ha inculcado la soberana idea de que, no sólo son superiores a la mujer y deben someterla, si no que, además, ellas se lo merecen por rameras (Magdalena), desobedientes (Eva), caprichosas (Salomé) y traidoras (Dalilah)? Lo que también queda claro es que, esos hombres que han lanzado las Sagradas Escrituras a los cuatro vientos, sabían que las féminas estarían escuchando. ¿Os extraña ahora que el dominio machista continúe en nuestros jóvenes que, con 12 y 13 años reciben órdenes de alejamiento por maltrato? ¿Os sorprende que el machismo continúe y perpetúe su veneno en la sociedad moderna? Lo seguirá haciendo si las mujeres siguen creyendo que merecen lo que reciben, si creen lo que ellos les espetan desde sus lenguas bífidas, cargadas de veneno.
sábado, 20 de noviembre de 2010
El clítoris de Sostres
Esta semana, y cuando todavía sufrimos la resaca 'Sánchez-Dragoniana', nos sorprende otra manifestación vomitiva e insultante de otro machista. El periodista Salvador Sostres es protagonista estos días por sus vergonzosas y repugnantes palabras sobre la opinión que le merece el sexo femenino.
De nuevo, un medio de comunicación (la cadena pública Telemadrid) ampara hasta límites humillantes a este personaje infame que se sirve de los medios para estar en el 'candelero'. Lo que además debería escandalizar a los madrileños, a parte de las 'diarreas mentales' de Sostres, es que se paguen con el dinero público de sus impuestos. Parece que hemos llegado a un punto en el que las televisiones y otros medios de difusión necesitan de estos 'seres' que buscan lo que se supone que vende. Según ellos, para eso se los contrata. La audiencia debería pararse ya frente a estos impresentables y demostrar de una vez que no es lo que quieren ver, ni en su televisión, ni en su sociedad.
Aunque otro medio de comunicación, esta vez el diario El Mundo donde escribe dicho personaje retrógrado y misógino, tampoco ha querido sacar los pies del tiesto. El periódico de Pedro 'Jota' Ramírez no se ha dignado a publicar el escrito-protesta que han firmado muchos de sus trabajadores desentendiéndose de las opiniones de Sostres. Pero, en las páginas de El Mundo sí hemos podido leer la defensa de un ofendido Salvador que se excusa de sus "declaraciones privadas", eso sí, en un plató de televisión y delante de varias cámaras.
Desafortunadamente, las cámaras y demás contertulios no fueron los únicos que sufrieron los dislates sexistas del susodicho. El plató del programa dirigido por Isabel San Sebastian, 'Alto y Claro', estaba abarrotado de niños y niñas de Rabat, Cádiz y Tarragona. La periodista y directora del programa intentó zanjar una conversación (monólogo sostriano) que comenzó en unos sujetadores de una conocida marca y acabó en improperios varios, como insultos vejatorios contra la mujer y comentarios racistas hacia los jóvenes marroquíes presentes en el estudio. Se creció y ni las tablas de San Sebastián parecían poder pararlo.
Como ya lo hemos escuchado demasiado sólo me queda decir que este señor ya es perro viejo y conocido por todos por sus palabras hacia nuestras ministras o cualquier mujer desconocida que ilustre un diario intentando defender el derecho a decidir qué hacer con su cuerpo. Por eso, no citaremos ninguna de sus palabras pero, quien sí las haya leido anteriormente sabrá interpretar lo siguiente. Si Salvador Sostres fuera una mujer, dirían que está frustrada sexualmente, que necesita que le den 'lo suyo' o que es una frígida amargada. Quizá si Salvador Sostres fuera una mujer se parecería bastante a aquello que él tanto desprecia de manera tan pública, insultante, indecente e intolerable. Le recomendaría que se reencontrara con su clítoris, 'eso' que para él mismo es "un mito". ¡Mierda! Acabo de hacer lo que no quería: citarlo. No volverá a pasar.
(Ojalá individuos como Sostres dijeran lo mismo.)
De nuevo, un medio de comunicación (la cadena pública Telemadrid) ampara hasta límites humillantes a este personaje infame que se sirve de los medios para estar en el 'candelero'. Lo que además debería escandalizar a los madrileños, a parte de las 'diarreas mentales' de Sostres, es que se paguen con el dinero público de sus impuestos. Parece que hemos llegado a un punto en el que las televisiones y otros medios de difusión necesitan de estos 'seres' que buscan lo que se supone que vende. Según ellos, para eso se los contrata. La audiencia debería pararse ya frente a estos impresentables y demostrar de una vez que no es lo que quieren ver, ni en su televisión, ni en su sociedad.
Aunque otro medio de comunicación, esta vez el diario El Mundo donde escribe dicho personaje retrógrado y misógino, tampoco ha querido sacar los pies del tiesto. El periódico de Pedro 'Jota' Ramírez no se ha dignado a publicar el escrito-protesta que han firmado muchos de sus trabajadores desentendiéndose de las opiniones de Sostres. Pero, en las páginas de El Mundo sí hemos podido leer la defensa de un ofendido Salvador que se excusa de sus "declaraciones privadas", eso sí, en un plató de televisión y delante de varias cámaras.
Desafortunadamente, las cámaras y demás contertulios no fueron los únicos que sufrieron los dislates sexistas del susodicho. El plató del programa dirigido por Isabel San Sebastian, 'Alto y Claro', estaba abarrotado de niños y niñas de Rabat, Cádiz y Tarragona. La periodista y directora del programa intentó zanjar una conversación (monólogo sostriano) que comenzó en unos sujetadores de una conocida marca y acabó en improperios varios, como insultos vejatorios contra la mujer y comentarios racistas hacia los jóvenes marroquíes presentes en el estudio. Se creció y ni las tablas de San Sebastián parecían poder pararlo.
Como ya lo hemos escuchado demasiado sólo me queda decir que este señor ya es perro viejo y conocido por todos por sus palabras hacia nuestras ministras o cualquier mujer desconocida que ilustre un diario intentando defender el derecho a decidir qué hacer con su cuerpo. Por eso, no citaremos ninguna de sus palabras pero, quien sí las haya leido anteriormente sabrá interpretar lo siguiente. Si Salvador Sostres fuera una mujer, dirían que está frustrada sexualmente, que necesita que le den 'lo suyo' o que es una frígida amargada. Quizá si Salvador Sostres fuera una mujer se parecería bastante a aquello que él tanto desprecia de manera tan pública, insultante, indecente e intolerable. Le recomendaría que se reencontrara con su clítoris, 'eso' que para él mismo es "un mito". ¡Mierda! Acabo de hacer lo que no quería: citarlo. No volverá a pasar.
(Ojalá individuos como Sostres dijeran lo mismo.)
martes, 2 de noviembre de 2010
Las mentiras y los muertos salen de sus agujeros
"Los cuernos y la muerte es lo único que tenemos asegurado en esta vida". Genial frase, que no puedo atribuirme, que resume los dramas que podemos crear. Será porque acabamos de pasar el fin de semana de los muertos vivientes por antonomasia (así como de Spiderman, Batman y otros despistados varios) o por los palos constantes en la misma mejilla, que esta frase me ha hecho especial gracia.
Pero vayamos primero con aquellos: los 'cuernos'. La infidelidad es algo tan común en nuestra sociedad que debería resultarnos una falacia el mero hecho de firmar un contrato con esa única persona para el resto de la vida. Podríamos decir que los culpables no son ni ellos ni ellas, ni siquiera el tedio ni la rutina. La culpa, una vez más, estaría en los estereotipos y en las imposiciones sociales, todo ello aderezado con un poco de 'amén', 'mea culpa', 'carpe diem' y 'secula seculorum'. Efectivamente, la religión. Pero no todas las religiones.
El catolicismo nos ha inculcado, de manera cruel y sufrida para muchos, que con la monogamia le estamos haciendo una reverencia a nuestra pareja. Una declaración de intenciones (o de no intenciones), un contrato de exclusividad que muestra a viva voz nuestro amor y respeto por el susodicho o susodicha. A la mayoría les vale. Y es que, cuan feliz es el ignorante.
Además, cada vez se lo ponen más fácil a las ovejas descarriadas, a las almas débiles. Si es que incluso ya cuentan con empresas donde contratar un 'affaire' a medida, con todos los gastos pagados, incluida una creible coartada (que, con lo que cobran por ello, ya les vale dejar a nuestro/a 'cuchi cuchi' bien tranquilito/a en el hogar, dulce hogar). Pero, eso sí, allí los que entran saben a lo que van. O así se defendía de las críticas el creador del invento. Ya no pasa como antes que aquél infeliz se escudaba en el 'yo no sabía que estaba casado/a'. Exacto. El infiel sabe que va a lo que va. Aunque, como siempre, la otra mitad nunca sabe a lo que va su 'cari', su 'churri'. ¿O sí?
Supongamos, pues, que el pobre infiel debió pensar aquello de que "la vida es corta" y que "sólo se vive una vez" y por ello, por qué conformarse con la misma compañía y en la misma cama por los siglos de los siglos. Porque en este mundo cada vez más individualista e insensibilizado (que no insensible) el respeto hacia el otro ha quedado en un segundo plano detrás de su más temible enemigo, el Ego. Si es que, al final, todos acabaremos en el hoyo y, una vez ahí abajo, sólo dirán de nosotros 'qué bueno/a que era' y, ¿quién se acordará de reprocharle, al pobre angelito, esa 'canita al aire'?
Pero vayamos primero con aquellos: los 'cuernos'. La infidelidad es algo tan común en nuestra sociedad que debería resultarnos una falacia el mero hecho de firmar un contrato con esa única persona para el resto de la vida. Podríamos decir que los culpables no son ni ellos ni ellas, ni siquiera el tedio ni la rutina. La culpa, una vez más, estaría en los estereotipos y en las imposiciones sociales, todo ello aderezado con un poco de 'amén', 'mea culpa', 'carpe diem' y 'secula seculorum'. Efectivamente, la religión. Pero no todas las religiones.
El catolicismo nos ha inculcado, de manera cruel y sufrida para muchos, que con la monogamia le estamos haciendo una reverencia a nuestra pareja. Una declaración de intenciones (o de no intenciones), un contrato de exclusividad que muestra a viva voz nuestro amor y respeto por el susodicho o susodicha. A la mayoría les vale. Y es que, cuan feliz es el ignorante.
Además, cada vez se lo ponen más fácil a las ovejas descarriadas, a las almas débiles. Si es que incluso ya cuentan con empresas donde contratar un 'affaire' a medida, con todos los gastos pagados, incluida una creible coartada (que, con lo que cobran por ello, ya les vale dejar a nuestro/a 'cuchi cuchi' bien tranquilito/a en el hogar, dulce hogar). Pero, eso sí, allí los que entran saben a lo que van. O así se defendía de las críticas el creador del invento. Ya no pasa como antes que aquél infeliz se escudaba en el 'yo no sabía que estaba casado/a'. Exacto. El infiel sabe que va a lo que va. Aunque, como siempre, la otra mitad nunca sabe a lo que va su 'cari', su 'churri'. ¿O sí?
Supongamos, pues, que el pobre infiel debió pensar aquello de que "la vida es corta" y que "sólo se vive una vez" y por ello, por qué conformarse con la misma compañía y en la misma cama por los siglos de los siglos. Porque en este mundo cada vez más individualista e insensibilizado (que no insensible) el respeto hacia el otro ha quedado en un segundo plano detrás de su más temible enemigo, el Ego. Si es que, al final, todos acabaremos en el hoyo y, una vez ahí abajo, sólo dirán de nosotros 'qué bueno/a que era' y, ¿quién se acordará de reprocharle, al pobre angelito, esa 'canita al aire'?
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